Destiny 2: Renegades.- Pocas veces un videojuego carga con el peso de su propio legado como lo hace Destiny 2 cuando aparece una expansión con un nombre tan cargado de historia como Renegades. Y antes de entrar en materia, conviene detenernos en un detalle que solo quienes vivimos la franquicia desde este lado del idioma entendemos: en 2018, Forsaken nos llegó bajo el título de Los Renegados, y ahora, en 2025, la nueva expansión aterriza con la traducción oficial de Los Desertores.
Dos nombres distintos para un mismo término original, pero también para dos momentos completamente diferentes en la vida del Guardián. Si en Forsaken fuimos testigos de una tragedia que fracturó el alma de la comunidad, Renegades 2025 propone otro tipo de ruptura: una fuga, una traición silenciosa, un quiebre interno que redefine lo que significa permanecer en la Luz. Entender esta diferencia no es un capricho semántico; es el primer paso para comprender por qué esta expansión no camina bajo las sombras de Forsaken… sino bajo las suyas propias.
Y es precisamente desde esa distancia —desde ese eco incómodo entre lo que fue y lo que podría volver a ser— que Renegades (2025) se lanza a reclamar su identidad. No quiere competir con Forsaken. No quiere replicar su impacto emocional. Y, sinceramente, no podría aunque quisiera. Lo que sí hace, y lo hace con una convicción admirable, es tomar la franquicia por los hombros, mirarla a los ojos y decirle: “Es hora de evolucionar.” Y esa evolución no viene desde la épica trágica, sino desde la desobediencia.
La trayectoria de Bungie siempre ha estado marcada por la ambición, pero tras los eventos cataclísmicos que cerraron la “Saga de Luz y Oscuridad” en The Final Shape, el estudio se enfrentó a un dilema: ¿hacia dónde expandir un universo que ha tocado su clímax? La respuesta es Destiny 2: Renegades, una audaz y casi impensable incursión en el terreno de las colaboraciones con IP externas. Lejos de ser un experimento cínico, este crossover temático con Star Wars es un golpe de timón narrativo que inyecta adrenalina y una necesaria dosis de diversión a la franquicia. Es una apuesta grande, y para sorpresa de muchos, es una apuesta que ha pagado dividendos astronómicos… al menos en el campo de batalla.

El ADN de las Óperas Espaciales
La magia de Renegades radica en su sutilidad. No verás a Guardianes haciendo equipo con Luke Skywalker, sino que experimentarás la alquimia temática en su máxima expresión. La realidad es que el universo Destiny siempre bebió de las fuentes de la ciencia ficción de los ochenta, y la influencia de George Lucas es innegable. Este es el principal argumento de Bungie: no necesitan forzar la unión, porque las piezas ya encajan.
El universo de Destiny ya explora la dualidad de la Luz y la Oscuridad (el bien y el mal), otorgando a los jugadores poderes que bien podrían ser llamados “la Fuerza”. Esto ha permitido que los elementos de Star Wars se integren con una fluidez que desarma a los escépticos. El Arrecife encuentra ahora su propia versión de Tatooine en las dunas rojas de Marte, mientras que los pantanos bioluminiscentes de Ío replican la atmósfera húmeda de Dagobah. Finalmente, la vasta y gélida superficie de Europa se convierte en el escenario perfecto para evocar la épica helada de Hoth. El mundo de Destiny se siente, de repente, como la galaxia entera.
Arquetipos y Humor Cantinero
La inmersión en la temática se consolida en el nuevo nexo social, una cantina bulliciosa en Marte que sirve como base de operaciones. Aquí encontramos a los arquetipos reescritos para el cosmos de Destiny.
- Spider: El Jabba del Arrecife. La figura criminal del submundo, con su cuerpo bulboso y enorme, sentado en un trono y manejando los hilos de los bajos fondos. Su rol es una obvia y gloriosa inspiración en Jabba el Hutt, ofreciendo contratos turbios y caza de recompensas que impulsan gran parte del gameplay de la expansión.
- Drifter: El Forajido Escéptico. Drifter siempre ha sido el alma rebelde de Destiny, el pícaro que trabaja al margen de la Vanguardia. Su personalidad encaja a la perfección con el espíritu de Han Solo, el antihéroe carismático que, aunque cínico, tiene un corazón de oro (o al menos un buen sentido del humor).
Pero el humor es, quizás, la mayor victoria de este nexo. La cantina alberga a tres facciones escindidas de las razas existentes en Destiny, y la más memorable es la de los Vex. Estos seres, liberados de la Mente Colectiva de la Colmena, han desarrollado individualidad y su manifestación es la obsesión por la moda, especialmente por las capas. Ver a estos robots cúbicos debatiendo sobre estilos de vestimenta es hilarante y añade una capa de ligereza muy necesaria.
En el lado de la seriedad, la expansión introduce a dos figuras cruciales para el conflicto central: la insulsa Aunor de la Orden Práxica (nuestra versión de los Jedi, que lamentablemente carece de la profundidad necesaria para el rol) y el antagonista Bael. Bael es una copia tan descarada de Kylo Ren que uno se pregunta si Bungie contrató en secreto a Adam Driver, ya que hasta su tono de voz y sus motivaciones oscuras son un calco de la figura del Primer Orden.




La Mecánica: Sables de Luz y Soporte Táctico
La jugabilidad de Destiny siempre ha sido su punto fuerte, y Renegades la pule hasta convertirla en un brillo cegador. La campaña de unas ocho horas (o más, si te atreves con la dificultad Leyenda) está enmarcada por dos misiones de apertura y cierre tan épicas que capturan la esencia cinematográfica de una ópera espacial.
El juego te pone a trabajar en la caza de recompensas para estas facciones, llevándote a tres nuevas áreas expansivas. Aquí se introduce un concepto brillante: Bungie claramente ha estado observando el éxito de juegos como Helldivers, implementando lo que podríamos llamar Soporte Táctico (o Stratagems). Antes de cada misión, puedes cargar “habilidades” adicionales que van desde ataques aéreos devastadores hasta vehículos de asalto y drones de curación. Este sistema no solo es divertido, sino que es vital; te proporciona esos segundos de respiro cruciales cuando las oleadas de enemigos te acorralan, elevando el combate a una danza estratégica de alta intensidad.
En cuanto al equipo, las nuevas Espadas Práxica son la realización de un sueño. La inconfundible y satisfactoria reverberación de “vwooom” acompaña cada golpe y desvío. Los jugadores pueden ejecutar todos los movimientos acrobáticos clásicos de un Jedi con una fluidez y potencia cinética asombrosas. Además, la adición de un conjunto de armas basado en el icónico bláster de Han Solo, junto con la posibilidad de conseguir armadura de Boba Fett (a un costo adicional, por supuesto), satisface plenamente la fantasía del fanático.


El Lado Oscuro: La Pérdida del Ritual Social
El mayor problema de Renegades no reside en lo que añade, sino en cómo se consume. El juego sufre de la decisión de Bungie de permitir a los jugadores “bingear” la expansión, completando toda la campaña en una o dos sesiones. Esta elección es perjudicial para el alma social de Destiny.
Durante expansiones anteriores, como Heresy, la cadencia semanal creaba un ritual comunitario. El martes por la noche era sagrado; todos iniciaban sesión a la misma hora para completar la nueva misión, explorar el nuevo Señor de la Guerra y unirse a una Raid. El juego se sentía vivo porque todos estábamos descubriendo el contenido simultáneamente. Hoy, la campaña se devora, el interés se desvanece y la necesidad de conectarse con amigos desaparece rápidamente en las semanas subsiguientes. El juego pierde ese “pegamento” social y se siente singularmente solitario. La narrativa se acelera peligrosamente; las motivaciones de los personajes giran en un instante, y la historia carece del tiempo para que los acontecimientos más recientes se asienten en el jugador.
Confusión Impenetrable: La Trama de Los Nueve
El segundo gran problema narrativo es la inclusión de la otra trama entrelazada: la continuación de la misteriosa saga de Los Nueve, que comenzó en The Edge of Fate. Sí, como yo, te perdiste ese DLC anterior, te encontrarás navegando en un mar de confusión absoluta.
El juego asume un conocimiento íntimo de los “números, las cosas que entran y salen”, y la cosmología arcana de este grupo. Por mucho que Bungie haya incluido un vídeo de “puesta al día” al inicio, no explica ni la mitad de lo necesario. Quejarse de la complejidad de una historia que lleva más de una década desarrollándose puede parecer imprudente.
Sin embargo, The Edge of Fate estaba destinado a ser un nuevo arco argumental, un pequeño reinicio, y Renegades apunta claramente a un nuevo público atraído por la temática Star Wars. Si la intención era capturar a estos nuevos jugadores, la decisión de hacer que el 50% de la narrativa sea impenetrable sin leer páginas y páginas de lore externo es un error de diseño fundamental.

El Pecado Capital: El Tablero Kanban
El mayor crimen que Renegades hereda es la implementación del nuevo sistema de gestión de contenido, “El Portal”.
Destiny es, fundamentalmente, un RPG de disparos. Antes, la magia ocurría al abordar tu nave, volar a un planeta, pasear por su superficie, encontrarte con otros Guardianes en eventos públicos y, orgánicamente, dirigirte a tu misión. Todo eso se ha ido. El Portal ha reemplazado el alma de la exploración con una lista de tareas estéril, seleccionada desde una pantalla de menú.
El world-building y los encuentros aleatorios han sido sacrificados en el altar de la eficiencia de la interfaz de usuario. El sistema se asemeja horriblemente a un tablero Kanban o una hoja de cálculo, donde las misiones son “tareas asignadas”. El juego te recuerda a la oficina. La inmersión se rompe de golpe; quiero jugar para olvidar mi trabajo, no para que el videojuego me lo recuerde con una interfaz de gestión.
Veredicto Final
Destiny 2: Renegades es una expansión de contrastes violentos. En sus mejores momentos, cuando estás usando tu Espada Práxica para desviar láseres mientras solicitas Soporte Táctico en la superficie de Marte, el juego es una obra de arte cinematográfica y de gunplay inigualable. La fusión temática con Star Wars es un éxito rotundo que revitaliza la franquicia.
Pero la excelencia en la jugabilidad no puede enmascarar las fallas sistémicas. La estructura narrativa fragmentada y el sistema de “El Portal” demuestran que, si bien Bungie es maestra en crear fantasías de poder en primera persona, a veces olvida que la interfaz y la estructura social son tan importantes como el gameplay mismo. Es una expansión esencial para los fans veteranos, pero es un producto que sabotea su propio potencial de atraer a un nuevo público. Es una lástima que una aventura con tanta luz tenga un sistema de menú que se siente tan irremediablemente oscuro.
















